¿Ya casi vienes?

No, no me gusta tenerte cerca. 
Detesto los buenos días acompañados de besos en el desayuno, 
mirando tu rostro adormilado al otro lado de la mesa. 

No me acostumbro a sentir el calor del amanecer posarse sobre nuestros cuerpos abrazados bajo las sábanas. 
Qué extraño me resulta ver pasar el día juntos sin pensar en que se hace tarde.

No me gusta, y no creo que llegue a gustarme nunca, esta manía que tienes de tomarme por la espalda mientras lavo los platos en la cocina. 
¿Es que no lo ves?

No, no puede gustarme tenerte cerca, ni disfrutar de las noches de silencio, acompañadas solo por las desgastadas canciones que tanto nos gusta escuchar. 
Ni qué decir de cuando agarras mi mano en la calle o sonríes con los ojos mientras hablo. 

Debes entenderlo, amor, no me gusta que vengas. No quiero que cuides de mi sueño y me pases a la cama en medio de la noche. Tampoco que prepares la cena y me invites a hacerla contigo.

No, no me gusta... porque duele cuando ya no estás, porque es difícil desacostumbrarme a ti. 
No me gusta esta sensación vacía que dejan tus despedidas. 

No me gusta, amor, pero cuánto anhelo que vuelvas.
¿Ya casi vienes?

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